Mi papá mató a mi mamá

Reportaje - 13.11.2016
Brandon Joel Muñoz

Al duelo de perder a una madre se le suma el de un padre prófugo, preso o muerto. Esta es la historia de Brandon, Alí, Jazmín y la de cientos de niños huérfanos por la violencia hacia la mujer

Por Tammy Zoad Mendoza M.

El primer viaje al cementerio de Masaya fue el 23 de abril de 2014. Jazmín y Alí vieron por última vez a su madre dentro de un ataúd pálido adornado de flores. Lloraron como nunca. Gritaron. Le preguntaron a su padre por qué la había matado. Pero su padre no los escuchaba. En algún cementerio de Managua, ese mismo día, estaban enterrando su cadáver. Antes de suicidarse clavándose en el pecho una bayoneta, José Vílchez apuñaló a Saraliz González. Le clavó trece veces la misma bayoneta en diferentes partes del cuerpo. No era la primera vez que la atacaba, pero fue la última.

Cuando ella terminó la relación por el maltrato de José, él la persiguió hasta encontrarla. La alcanzó con el filo de una bayoneta. Que si no era de él, no sería de nadie. El 22 de abril Saraliz se sumó a los 72 femicidios registrados en 2014. Ese día Jazmín, de 10 años, y Alí, de 8, quedaron huérfanos. Ellos son dos de los más de 300 casos de menores de edad que han quedado en la orfandad por la violencia machista en los últimos cinco años, según registros del Observatorio Voces y Datos de la Red de Mujeres Contra la Violencia.

Son los hermanos Vílchez González, hijos de Saraliz González Mena, maestra de 36 años, que fue asesinada en la entrada del colegio Cristo Rey, Tipitapa. Hijos también de José Vílchez, expolicía de 33 años, asesino y suicida que se convirtió en el verdugo de su familia. Le quitó la vida a su exesposa y le quitó la madre a sus dos hijos. El caso quedó grabado en la memoria colectiva por la atrocidad del suceso y su difusión en los medios. La gente recuerda a “la maestra de Tipitapa asesinada por el exmarido”. ¿Y los niños? Nadie sabe. ¿Qué pasa cuando un hombre mata a la madre de sus hijos?

Estas son las historias de Alí, de Jazmín, de Brandon y de cientos de niños que se han sumado a las listas no oficiales de huérfanos que viven, además del duelo, un drama social en el que el Estado también los desampara. Son también historias de abuelas, tías y familias enteras que todos los días asumen solos y con mucho amor el desafío de su crianza.

 

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