Morir en el ring

Reportaje - 14.04.2013
Morir en el ring

A puño cerrado, de golpe en golpe buscaban la gloria, pero la vida les negó esa oportunidad. Harold Blas Amador, Marvin Hernández y José Miguel Morales, tres nicaragüenses que se encontraron con la muerte en el cuadrilátero

Por Dora Luz Romero

Diez rounds y la campana sonó, la pelea había terminado. Fue un combate intenso, fuerte, de esos en los que dos hombres aún cansados y golpeados se niegan a soltar ese pedazo de victoria que tienen en sus manos, se niegan a rendirse ante el otro. El boxeador aguantó golpes, era de esos luchadores que no flaquean, que ponen el pellejo incluso cuando ya no aguantan más. Pero al terminar la pelea, el boxeador caminó hacia su esquina, sudaba, respiraba fuerte, jadeaba, y de pronto mientras le quitaban los guantes se desplomó.

Aquella noche, en aquella pelea, el 8 de julio de 1970, el boxeador estaba solo. Ni uno solo de sus familiares había podido acompañarlo. José Miguel Morales, conocido como Joe Morales, había viajado a El Salvador y fue ahí que se enfrentó con el salvadoreño Héctor Cabrera. Tenía 20 años y ese día perdió el combate por decisión unánime.

Dos días antes de la pelea, su mamá, Teresa Morales, lo había acompañado hasta la esquina de la casa, ahí, en el barrio Larreynaga de Managua y lo despidió con un beso. Él solo le sonrió, moreno, flaco y nervioso, subió al carro que lo pasaba recogiendo para llevarlo al aeropuerto. Pensó que volvería victorioso.

 

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