Mujeres dictadoras

Reportaje - 11.09.2016
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Estas son historias de mujeres que cultivaron su propio poder y sus propias manías, al margen de sus esposos, los dictadores. Terribles, manipuladoras, vengativas, carismáticas, delirantes, nunca comunes.

Por Amalia del Cid

Sus caprichos son un asunto de Estado y si se le antoja usar un sweater, manda a buscarlo en el momento, aunque el trapo se encuentre a cientos de kilómetros, en otra ciudad. Tiene poses de artista y se entusiasma por la fotografía. Ha llenado de extravagancias políticas el teatro, la danza y la música de su país, y estado al mando de una masa de jóvenes a la que ha agitado contra todo lo que parezca, suene o se vea antirrevolucionario. Usa el poder para resolver vendettas personales y eliminar a sus rivales. Mucha gente le teme, pues cualquier paso en falso puede conducir a la mazmorra y a la tortura. Es la mujer del líder de la nación, pero con un esposo cada vez más viejo, enfermo y aislado del escenario público, su figura empieza a destacar como nunca y hasta se permite poner los ojos en la Presidencia. Su nombre es Jiang Qing, cuarta esposa de Mao Zedong, el “Gran Timonel” de China.

Estamos en la primera mitad de la década de los setenta. Digamos que es 1975 y solo falta un año para la gran caída de Jiang Qing, perverso personaje que aparece en cuanta lista hay sobre las mujeres más poderosas del siglo XX. En septiembre de 1976 morirá Mao y a lo interno del Partido Comunista se desatará una guerra por el poder absoluto. Su viuda la perderá.

Jiang era hipocondríaca, tenía muy poca estabilidad emocional y sufría de manía de persecución. Era ambiciosa como pocos y de un egoísmo descomunal que solo podía ser superado por el del propio Mao. Nació en un pueblo agrícola y al crecer desafió su destino eligiendo la carrera de actriz. La misma profesión que muy lejos, en otras épocas y otros continentes, escogieron otras mujeres que también lograron llegar al poder, como Evita Perón en Argentina y la emperatriz Teodora en la antigua Constantinopla.

La historia de la humanidad está llena de dictadores, eso ya lo sabemos, y también tenemos claro que detrás de cada uno ha habido una o varias mujeres importantes. En esta ocasión, sin embargo, queremos hablar de esas que se han colocado hombro a hombro junto al tirano, en ocasiones destacando más que él y a veces gobernando desde la sombra, o que sencillamente se han convertido ellas mismas en dictadoras.

Queremos contarle un poco sobre la temible Jiang Qing, la megalómana Elena Ceausescu, aficionada a escuchar lo que ocurría en las alcobas de sus ministros, y la insaciable Imelda Marcos. Sin hacer a un lado otros casos, como el de Isabel Perón, quien fue vicepresidenta de su esposo Juan Domingo Perón y, al morir este, asumió el poder. Maestras del dominio de las masas casi siempre. Comunes y aburridas, nunca.

 

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