Niños mártires

Reportaje - 25.03.2012
La-estatua-de-Montoya

El parque Luis Alfonso Velázquez, la estatua de Montoya y el Hospital Infantil La Mascota son tres puntos de referencia en Managua que tienen una historia en común: están dedicados a niños que murieron o fueron asesinados en medio de guerras

Por Arlen Cerda

Eran las 10:30 de la mañana o tal vez las once, cuando los jeeps de las Brigadas Especiales Contra Ataques Terroristas (Becat) de la Guardia Nacional doblaron en una esquina de Diriamba rumbo al mercado municipal. Ráfagas de tiros, gritos, llanto y conmoción. Una hora después doña Arcadia Rivera recibía un telegrama: “Manuel es muerto. La espero en la estación”. Era de su hija Reyna y su esposo Ramón, avisándole sobre la muerte de su hijo de 12 años.

Doña Arcadia sabía que su hijo tenía los días contados. La Guardia le había puesto un precio a su cabeza, porque la criatura se había convertido en el terror de sus cuarteles, donde casi a diario les lanzaba con puntería varias bombas de contacto y se escabullía de las balas como un fantasma. Pero ese 5 de octubre de 1978 lo alcanzaron.

Hoy un parque en Diriamba, donde le construyeron un mausoleo; el mercado de esa ciudad, donde se crió y se capeó de la Guardia, y el hospital infantil de referencia nacional Manuel de Jesús Rivera o “La Mascota”, son obras que procuran recordar la vida de aquel niño, que como a otro de 9 años para quien la Alcaldía de Managua remodela un parque en el centro de la vieja capital, fueron asesinados por la Guardia de Somoza y declarados “niños mártires” de la revolución. Sus historias tienen mucho más en común.

 

 

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