Norma Helena “soy un volcán”

Reportaje - 03.11.2017
Norma Helena Gadea y Su hija Candelaria

A sus 51 años confiesa que su primer amor fue la revolución, el martirio de su vida ser gorda y su más grande temor la muerte. Aunque la música no le ha pagado bien en “cosas de dinero”, ha sido muy feliz con ella. Intensa, apapachadora y muy sentimental, así se describe esta cantante.
Conozca a esta intérprete fuera del escenario

Dora Luz Romero Mejía
Fotos de Diana Nivia

Fue la única mujer que hizo que el escritor argentino Julio Cortázar durmiera con las botas puestas. Eran los años 80 y había llegado a Nicaragua un grupo de norteamericanos para hacer una vigilia de paz. Se ubicarían en Bismuna, Zelaya Norte. “En esa comunidad de la Costa, donde las autoridades militares eligieron que se hiciera el campamento de paz, acababan de quemar el lugar, hubo bajas del ejército y encontramos muertos de la Contra”, recuerda Norma Helena Gadea sentada en el sofá de su casa y con unos 25 años más que en aquel entonces.

En ese campamento estaba Michelle Najlis y Julio Cortázar, entre muchos otros escritores y artistas. En una de las tantas noches que permanecieron en este sitio les llegó una alerta: posiblemente esa noche atacarían la zona. “Recuerdo que Cortázar había hecho su camita de agujas de pino”, dice la cantante, a quien en aquel tiempo le tocaba vigilar. Esa noche, antes de dormirse se acercó a Cortázar y le dijo: “Julio, será mejor que no te quités las botas ni la ropa por cualquier cosa. Porque si tenemos que correr sólo te metés en el hoyo que cavamos”.

Al día siguiente, nada había pasado. Nadie fue atacado y Cortázar junto al resto de compañeros no hizo más que reírse y decirle a Norma Helena: “Has sido la única mujer que me ha hecho dormir con las botas puestas”, anécdota que incluso fue contada en uno de sus libros.

Y así se desarrolló esta cantante, en medio de campos de batalla, tropas militares y tarimas improvisadas. Nunca fue militante del FSLN, según ella, porque no tenían la confianza política suficiente, ya que sus familiares eran liberales. Pero sí se consideró una militante de corazón.

Esta intérprete que en los 80 levantó la bandera del partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y que en 1990 lloró amargamente la derrota de su partido, hoy asegura estar desencantada de la política. “No les creo nada. Y ahora la única bandera que levanto es la de la vida”, asegura mientras enciende un cigarrillo.

 

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