Objetivo eliminar a Chamorro

Reportaje - 16.12.2007
Joaquín Chamorro. Periodista, Político, luchador de la libertades

Llevaban días queriendo llevar a cabo el plan hasta que lo lograron en una calle de Managua, cuando iba rumbo a su periódico. Así mataron al director de La Prensa. Esta es la historia del complot que acabó con la vida del máximo opositor de la dictadura,  incluyendo la versión de un pariente del pistolero que lo asesinó.

Octavio Enríquez

A Pedro Joaquín Chamorro lo querían matar en la iglesia Las Palmas de Managua, pero el asesino contratado desistió y no hubo manera de convencerlo de que acabara con la vida del más duro opositor de la dictadura de los Somoza.

Tuvieron que esperar un poco más. Un par de días para que el plan urdido por Silvio Peña se hiciese realidad el 10 de enero de 1978. Con otro asesino, habitante de Poneloya, contactado un día antes para que cumpliese lo que sus enviados no pudieron hacer, unos tipos conocidos en el mundo criminal como “Los Conchos”.

Peña anduvo pidiendo dinero entre los enemigos de Chamorro. Prometía que el escándalo pasaría rápido y que los implicados estarían protegidos por un funcionario leal al régimen: el poderoso Cornelio Hüeck, el cerebro político y legal que había permitido la reelección de Somoza para un segundo período.

Peña ofreció también casas que serían donadas por Fausto Zelaya, presidente del Instituto de la Vivienda denunciado por corrupto en LA PRENSA.

Por denunciarlos, a Chamorro lo odiaban muchos. La mayoría de ellos eran funcionarios a quienes Anastasio Somoza Debayle destituyó obligado por la presión pública en diciembre de 1977 después de meses y meses de denuncias en LA PRENSA.

En aquellos años se destapó en este periódico la corrupción del régimen que tocaba al tirano, quien desde el 27 de diciembre de 1974 —cuando un comando sandinista se tomó la casa de un funcionario del Gobierno— controlaba cada letra que se publicaba en el periódico de oposición.

Era tal su severidad que incluso había obligado a publicar un comunicado oficial, a raíz de la toma de la casa de su funcionario, en el que se señalaba a Chamorro de estar implicado, aunque públicamente no apoyaba al Frente Sandinista. Lo peor del caso es que ni siquiera le habían permitido defenderse en su diario.

Fue en ese contexto, explicó en vida el veterano periodista Danilo Aguirre Solís frente a su máquina de escribir Olympia —esperando las notas del día en su oficina de director de El Nuevo Diario— que ocurrió todo.

 

 

 

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