Pasión por el tango

Reportaje - 13.01.2008
Karen Montiel y Carlos Vallecillo del Ballet Folclórico Quetzaltnáhualt.

“El tango es un pensamiento triste que se baila”, definió alguna vez el compositor Enrique Santos Discépolo. El drama y las sensualidad de esta música nos conectan con el sur del continente más allá de la memoria de las películas y la música de Carlos Gardel

Luis E. Duarte

Las caras tristes de los inmigrantes que bajan de los barcos en el río de La Plata se sumergen entre los acordes de un bandoneón que acompaña el paso de los marineros y prostitutas de la Boca, el puerto de Buenos Aires.

La sirena de un barco solitario se escucha en todo el puerto, mientras los señoritos escapados del celo materno buscan amor por pocos pesos en aquel mísero barrio portuario.

Las luces de Montevideo también alumbran el río de La Plata, mientras los hombres bailan juntos sin rubores ni malos entendidos, a no ser que prefieran pagar las flores camín que se ofrecen en los prostíbulos de esa babilónica mezcla de culturas africanas, antillanas y europeas transportadas desde Hamburgo, Barcelona, La Habana y Barranquilla.

Un hombre de unos 26 años de tipo aristocrático fuma uno tras otro cigarros y se asoma en estas calles mundanas donde la música del populacho se escucha en el ambiente. Se llama Félix, su segundo nombre, se trata del poeta centroamericano y periodista de la nación, también cónsul de Colombia en Buenos Aires, Rubén Darío.

El gran compositor de tangos, Cátulo Castillo escribió en La Nación de Argentina sobre el poeta que conoció en su infancia: “En uno de sus viajes a Buenos Aires visitó nuestra casa. Mi padre lo invitó a comer. Cuando llegó, tuve la sensación de que era una especie de gigante. Hoy me parece que sólo era la visión de un niño. Su gran melena, algo rizada, siempre estaba despeinada. Sus facciones tenían algo de chinote. Fumaba puros interminables y dejaba caer las cenizas sobre sus solapas”.

Ese día, el niño que sería tan güero recuerda que su padre puso champaña en la mesa para el invitado. “Darío hablaba con leve acento centroamericano, pausadamente, con voz grave y mezclaba su castellano con innumerables palabras francesas”.

 

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