Peluquero de alto rango

Perfil, Reportaje - 12.08.2012
René-Sánchez

Tuvo en sus manos la cabeza de los comandantes. Atendió a Tomás Borge, Daniel y Humberto Ortega, entre otros. Le confiaron sus secretos. Ahora no lo recuerdan

Por Tammy Zoad Mendoza M.

La luz está apagada, igual que el abanico y los aparatos eléctricos. El lugar está bajo llave, pero tiene el rótulo de “Abierto”, junto con otro que ofrece en venta una silla de barbería. La silueta de un hombre sentado se dibuja en las persianas y al acercarse se distingue al personaje pasando con desenfado las páginas del periódico. Se alerta ante la visita y se acerca para atender.

“René Sánchez, peluquero. Para servirle a usted”, dice.

Se disculpa por el calor y el encierro, rápidamente enciende las luces. Justifica el ambiente sombrío de su barbería con el hecho de que todo se pone en orden y a funcionar al momento que entra un cliente.

“En estos tiempos hay que ahorrar todo lo que se pueda. No puedo estar gastando luz”, sentencia. Era un peluquero cualquiera, en una barbería como cualquier otra hasta que un día, como en la fila de un batallón, dio un paso adelante y se ofreció de voluntario para una misión: ser el peluquero del Ejército Popular Sandinista.

Desde entonces, durante diez años, hizo desfilar a coroneles y a ocho de los nueve comandantes de la revolución sandinista en la silla de su barbería. “Solo a Víctor Tirado nunca le corté el pelo”, aclara cada vez que puede el peluquero. Ahora sus clientes tienen un perfil bajo y de sus viejos jefes solo sabe lo que ve en las noticias, y las historias que se hablaron en aquella vieja sala de barbería.

 

 

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