Pequeñas estrellas

Reportaje - 20.04.2008
herling Paola Velásquez y Juan Borda

Los niños actores de la película El Camino tuvieron un guión que se parecía tanto a sus propias vidas: familias divididas por la migración, encuentros con sueños perdidos e ilusiones inesperadas

Luis E. Duarte
Fotos de Orlando Valenzuela y Mirarte Film

Dicen que el cine es ficción. Ni tanto. Para Ishtar Yasin Gutiérrez es una cuestión personal, pasó ocho años para convertir su película en una realidad porque quería contarle algo a su público. La madre de la directora se emocionó mucho al ver la película, sobre todo porque en 1979 había visitado Nicaragua en la euforia revolucionaria como parte de la Compañía Nacional de Danza de Costa Rica. “Se vivían momentos de ilusión”.

Yasin Gutiérrez, de 41 años, madre soltera, nacida en Moscú de padres iraquí y chilena, migró desde la tierra materna a Costa Rica después del golpe militar de Augusto Pinochet en 1973, cuando tenía seis años.

Yasin escribió y dirigió el largometraje El Camino para representar la vida de miles de migrantes que como ella y su madre habían llegado a esta pequeña nación centroamericana buscando un futuro. “Yo sé lo que es abandonar tu país contra tu voluntad”, asegura.

La historia de El Camino narra en 90 minutos la travesía de dos hermanos de Acahualinca, Saslaya y Darío, que parten a Costa Rica para buscar a la madre, después que una persona de confianza intenta abusar de la niña.

El proyecto personal de Yasin empezó a unir historias comunes sin esperarlo ni planearlo y destruir la línea que divide la ficción de la realidad. Cuando Belkis Ramírez fue encomendada para hacer el casting hace cinco años, no buscó los grandes talentos en el mismo lugar donde los personajes existían en el mundo hipotético de la película. La convocatoria la hizo por radio, televisión y prensa, pero no encontró a nadie que hiciera los papeles.

 

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