Poder & seducción

Reportaje - 29.04.2010
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Si “el poder es afrodisíaco” como ha dicho Kissinger, ¿cómo vivieron el poder los comandantes sandinistas desde ese ángulo de la seducción?

Por Arlen Cerda

Durante el viaje de Henry Kissinger a China, en 1972, el jefe chino Mao Tse Tung le habría preguntado en tono de broma en un momento de relax: “Siendo tan feo como es el presidente Nixon, ¿cómo es que tiene tanta suerte con las mujeres?” Y Kissinger le respondió con una frase que quedó para la historia: “Es que el poder es el afrodisíaco más fuerte”.

Al triunfo de la revolución en 1979, el poder en Nicaragua lo tenían unos jóvenes desaliñados, que vestían sin marcialidad alguna uniformes militares y que de repente se habían convertido en las estrellas del momento, como cualquier estrella de rock podría serlo ahora. La mezcla de uniformes militares, poder y popularidad hacían un cóctel afrodisíaco que determinó una faceta poco explorada de esos revolucionarios de los años 80: la seducción de los comandantes sandinistas.

“Yo creo que sí, los comandantes eran personas que resultaban atractivos para un segmento de la población, porque estaba esa aura de heroísmo y eso se considera un atractivo en sí mismo”, reconoce la comandante guerrillera Dora María Téllez. Ella misma sintió esa atracción.

Téllez fue uno de los veinticinco guerrilleros que asaltaron el Palacio Nacional, en Managua, aquel 22 de agosto de 1978. “¡El Comandante Dos es una mujer!”, informó uno de los diarios de la época sobre aquella figura delgada y pequeña a cargo de las negociaciones con el régimen y que más tarde fue clave en la ofensiva final contra la dictadura somocista, al mando de las tropas que dominaron la primera ciudad que fue liberada de la Guardia: León, donde ella había estudiado Medicina.

 

 

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