Jugar polo en Nicaragua

Reportaje - 06.04.2018
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Caballos, pasión y adrenalina en un deporte donde una falta podría resultar fatal.
Este es el mundo del polo, el “deporte de la realeza”, en Nicaragua

Por Amalia del Cid

Para un ojo no entrenado, esto sucede demasiado rápido. En un pestañeo. Los jugadores alzan un largo mazo llamado mallete y corren detrás de algo que pareciera invisible. Es una pelota blanca apenas más grande que una naranja y deben golpearla con el mazo mientras montan un caballo que puede acelerar hasta a sesenta kilómetros por hora. Están jugando polo, un deporte extremo y milenario que a lo largo de los siglos se ha asociado a la realeza y que en Nicaragua es practicado por unos pocos apasionados de la equitación, los caballos y, por supuesto, la adrenalina.

Se cree que el polo empezó a jugarse en Asia hace más de dos mil años y hay registros de un histórico partido disputado entre persas y turcomanos seis siglos antes de que naciera Cristo. Pero en nuestro país todo comenzó a finales de la década de los años cincuenta. Es decir, ayer mismo.

“Hasta donde yo recuerdo era 1958”, dice don Dionisio “Nicho” Cuadra, granadino de 82 años que fue miembro del primer grupo de entusiastas del polo. “Había un peruano que estaba aquí en Nicaragua apoyando la equitación. Entró en contacto con un grupo de hípicos de Managua y les preguntó que por qué no jugaban polo, que él estaba a disposición para enseñarles”, relata.

Ya para inicios de los sesenta en la capital se había conformado un equipo “como de seis o siete jugadores”, que a su vez tenían amistades en Granada y las invitaron a presenciar los juegos que se organizaban en las costas del Xolotlán. Creció el entusiasmo y se formaron tres equipos: los rojos, los azules y los verdes, el color que, por conservadores, asumieron los granadinos.

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El polo se juega en formaciones lineales, con cuatro jugadores en cada equipo. Dos en el ataque y dos en la defensa. Foto/ Oscar Navarrete

 

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