¿Quién mató a Carlos Guadamuz?

Reportaje - 14.02.2016
Carlos Guadamuz

El 10 de febrero de 2004 asesinaron a Carlos Guadamuz, controversial político y periodista, quien durante casi toda su vida fue uno de los más íntimos amigos de Daniel Ortega

Por Fabián Medina

Faltaban unos diez minutos para la 1:00 de la tarde cuando Carlos Guadamuz bajó apresurado de su camioneta en el parqueo del Canal de Noticias de Nicaragua (CDNN), donde grabaría un programa de opinión política. Lo seguía de cerca su hijo Selim, un adolescente de 16 años que le acompañaba a todos lados esos últimos meses y que, en la práctica, le servía como asistente. El programa se llamaba Dardos al centro y se transmitía desde un lóbrego y precario set de la modesta estación televisiva que funciona en lo que originalmente era una casa de habitación de la Colonia Centroamérica, en Managua. En realidad era un programa de radio que se transmitía en televisión, en el que Guadamuz azotaba durante una hora con su verborrea implacable a los personajes y eventos, generalmente políticos, de esos días. Una cámara fija, una mesa tras la que se sentaba un sudado y a veces desaliñado Guadamuz y, a sus espaldas, un plato pintado con círculos simulando el blanco de los dardos.

Ese día Selim cargaba el bolso con el plato de cerámica que colocaba tras su padre cada vez que se grababa el programa.

—Cuidado se te cae —le advirtió Guadamuz al bajarse, como lo hacía cada vez que le confiaba el bolso con ese plato al que le tenía especial afecto porque fue pintado por Fidel, su hijo menor.

Mientras padre e hijo se dirigían a la entrada del canal advirtieron la presencia de un hombre de unos 40 años sentado en una jardinera. De barba escasa y aspecto humilde, parecía leer un periódico. No les llamó la atención que estuviese ahí, porque siempre encontraban personas que les pedían algún favor o dinero. Tampoco les resultó extraño que tras notar su llegada el hombre se aproximara a ellos en rápidas zancadas.

—¿Qué tal don Carlos? —le dijo a Guadamuz cuando le salió al paso e inmediatamente comenzó a disparar a quemarropa con un revólver 38 Taurus que cubría con el periódico.

—¡Hijueputa! —logró decir Guadamuz cuando el primer balazo le impactó el hígado. Otro disparo que buscaba su corazón le dio en la mano izquierda con la que quiso agarrar el periódico desde el que salían los disparos. Cuando iba cayendo al suelo, un tercer balazo le entró por la espalda y le salió por el cuello.

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