Salvadora Debayle: La matrona de los Somoza

Reportaje - 13.12.2015
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Nieta de presidente, esposa de otro presidente y madre de dos presidentes más, Salvadora Debayle Sacasa fue la “mujer fuerte” del siglo XX en Nicaragua. Todo comenzó cuando la joven aristócrata se rebeló contra su familia para casarse con un plebeyo

Por Amalia del Cid

Los guardias sabían dónde encontrar la ropa que Salvadora Debayle Sacasa descartaba: en bultos flotantes arrastrados por las mansas aguas de Tiscapa. Todos los jueves nadaban para pescar los paquetes que la primera dama arrojaba a la laguna cuando volvía de hacer sus obras caritativas en el Leprocomio. Nomás entraba a la casa pasaba directo al baño diciendo: “No se me arrimen, no se me arrimen”. Metía su ropa en bolsas de basura, se echaba alcohol y se lavaba el pelo, porque no se le quitaba la idea de que un día de esos iba a contagiarse de lepra.

En el Leprocomio repartía comida y ayudaba en los bautismos. Su hija mayor, Lillian Somoza Debayle, lo cuenta en el libro La Hija del Dictador, de Gabriel Traversari, donde en entrevista describe los pormenores de la relación amor-odio que tuvo con su madre, una mujer convencional y a la vez compleja, “muy caritativa” con los necesitados pero amante de las sábanas de lino y los vestidos parisinos y con la habilidad asombrosa de rezar “una misa entera” mientras se aplicaba pomadas en la cara. En el testimonio de Lillian también queda claro que Salvadora sentía una marcada predilección por sus dos hijos varones, Luis y Anastasio, y leyendo entre líneas puede deducirse que era irascible, impulsiva y voluntariosa.

De joven se rebeló contra su aristócrata familia para casarse por amor con Anastasio Somoza García, quien por entonces era poco menos que un “pobre diablo”, en palabras del historiador Roberto Sánchez Ramírez. Y muchos años más tarde, cuando la vida de su esposo se apagaba en un hospital de Panamá, mantuvo la suficiente entereza para ordenar a sus hijos que siguieran los caminos que el padre de la dinastía había dejado trazados.

Agustín Torres Lazo narra este episodio en su libro La saga de los Somoza. Cuando se hizo evidente que la condición médica de Anastasio Somoza García era irreversible y que el dictador corría irremediablemente hacia la tumba, su yerno Guillermo Sevilla Sacasa llamó por teléfono a Luis Somoza Debayle para informarle que “Chema” Castillo se dirigía a Nicaragua con el documento que certificaba la incapacidad de “Tacho”, necesario para que el Congreso lo nombrara (a Luis) “presidente encargado”. Sevilla Sacasa explicó la situación, pero, según Torres Lazo, lo hizo con una diplomacia cantinflesca que le permitía hablar mucho sin decir nada:

“Tú sabes, Luisito ¿ah? La situación es sumamente delicada. El enfermo se mantiene en una condición estable ¿ah? pero su mamá y la Lilliancita son mujeres muy cristianas y tienen mucha fe. Pero nosotros ¿ah? debemos estar preparados para cualquier cosa. ¿No cree usted, cuñado? Dentro de poco sale un avión especial que nuestros amigos, tú sabes ¿ah? nos han ofrecido muy gentilmente. ‘Chemita’ Castillo lleva un documento muy importante ¿ah? muy importante. Hay que manejarlo con sumo cuidado y, claro, tú y ‘Tachito’ ¿ah, cuñado? deben ser prudentes y actuar con mucha calma, ¿ah…?”

En ese momento, afirma Torres Lazo, doña Salvadora perdió la paciencia, le arrebató el teléfono a su yerno y con “voz segura y dominante” orientó a su hijo:

—Luis, ya ustedes saben lo que tienen que hacer. Amárrense los pantalones y no se dejen fregar por nadie.

Salvadora Debayle Sacasa, en esto coinciden quienes la conocieron, tenía un temperamento de hierro. Y para algunos, como el historiador Nicolás López Maltez, desde su bajo perfil incidió en las decisiones de su esposo mucho más de lo que se pueda creer. “Somoza García era un poco blandengue, como Somoza Debayle. No eran las fieras que dicen. Ella fue siempre su fortaleza”.

A lo largo de su intensa vida, Salvadora fue musa de Rubén Darío, sobrina, nieta, esposa y madre de presidentes, mujer poderosa y anciana exiliada. Para bien o para mal, un personaje de importancia indiscutible en la historia de Nicaragua.

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