Sandino: Maestro masón

Reportaje - 09.03.2014
Reportaje/ Sandino y la masonería

Decía escuchar voces. Militó en diferentes logias y corrientes espiritistas. La lucha del general guerrillero estuvo marcada por su espiritualidad

Por Anagilmara Vílchez Zeledón

Llora a cántaros mientras le tiemblan hasta los tuétanos. Es el 21 de abril de 1928. Julio César Rivas está asustado. Los marines lo interrogan. “Sandino es un masón, 18 grados y es ayudado por todas las Logias de Centro América y México”, confiesa.

Rivas tiene 44 años, nació en Managua y afirma no conocer al guerrillero. Es un hombre elocuente y carismático que se ha ganado la vida “con su lengua e ingenio”. Viajó desde Chile hasta México incentivando, para beneficio propio, el sentimiento prosandinista en una especie de “lucrativa carrera como vendedor ambulante de patriotismo”, asevera Michael J. Schroeder, doctor en historia y creador de la página web: thesandinorebelion.com en la que, entre otros documentos, se encuentran las declaraciones juramentadas que Rivas hizo a los marines desde el 21 de abril hasta el 15 de mayo de 1928.

En ellas admite que en 1927, en México, empezaron a cuestionarle sobre Sandino y “sus hazañas contra los americanos”. Aprovechando tal oportunidad se dedicó a hablarles sobre su compatriota revolucionario “y de esta manera les hice creer que yo era un mensajero de Sandino que iba a ver a Calles (Plutarco Elías Calles, presidente de los Estados Unidos Mexicanos de 1924 a 1928)”. Así consiguió —revela la declaración— mucho dinero para su propio bolsillo de unos aliados poco visibles en la lucha del guerrillero: las Logias Masónicas.

Augusto C. Sandino no creyó en religiones, pero sí en la reencarnación. Detrás del guerrillero existió el espiritista y el masón. Se unió a la masonería en Mérida, Yucatán, en 1929 y desde niño se cuestionó sobre Dios.

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