Territorio de pueblos brujos

Crónica, Reportaje - 16.07.2006
Brujo-Muñeco

Dos periodistas de Magazine se pasearon por los consultorios de brujos de tres pueblos nicaragüenses que se disputan la fama de tener los más y mejores especialistas en ciencias ocultas. Uno se hacía pasar por cliente y otro llegaba luego identificándose como periodista. Las historias que recogieron son tan disímiles como disparatadas

Dora Luz Romero y Octavio Enríquez
Fotos de Orlando Valenzuela

El día más fantástico en la carrera de bruja de Idalia Pavón fue cuando una mujer se apareció en su consultorio en Niquinohomo. Traía un dolor en el estómago insoportable y, según la curandera, estaba pálida. La desesperanza de la paciente era mayor, sobre todo después que los médicos tradicionales la habían desahuciado sin poder explicarle las aflicciones que la afectaban desde hacía varios meses.

Según Pavón, su paciente sorbió el purgante indicado para este tipo de casos, escuchó algunas oraciones que ella le hizo y fue en ese momento cuando vomitó una bola de pelos del tamaño de un limón dulce.

La curandera, de uñas rojas y largas con unos dedos de alfiler llenos de anillos plateados, le da vuelta a un rollo de llaves, mientras cuenta maravillada esta historia. “Me sentí impactada con el caso de la mujer de la bola de pelos en el estómago, porque cuando uno come revisa hasta las piedritas que tiene la comida. ¿Cómo fue que se le metió eso en la panza? Yo no practico la magia negra, pero es obvio que fue obra de la magia negra. Yo lo que sé es que la gente ocupa fotos de las personas para hacerle daño. Usan oraciones. El viernes es un día especial para la maldad. Preguntan ustedes que cómo la gente expulsa una culebra de su estómago, pues lo hace a través de defecaciones. Casi siempre al afectado queda traumado al ver que le sale un animal”. Al contrario de lo que afirma, Pavón no parece estar perturbada, mucho menos parece estar asombrada, incluso se ríe de vez en cuando del caso.

Cuenta Pavón, como tratando de convencer a un incrédulo, que a su clínica, un cuarto color mantequilla con las fotos de sus padres encumbradas en la pared —un viejo de sombrero con mirada profunda y una mujer escrutadora que fueron brujos de este pueblo y heredaron el oficio a su hija— han llegado casos de gente atormentada por sapos en la barriga, o más dolorosos aún: serpientes que, como parásitos, han aprendido a alimentarse alojadas en tripas ajenas; una suerte de relatos que ha servido para alimentar fantasías entre los pueblerinos.