Una escuela solamente para inteligentes

Reportaje - 06.04.2008
Instituto de Excelencia Académica Sandino (IDEAS)

En las afueras de Diriamba, en el Instituto Nacional de Excelencia Académica Sandino, estudian los alumnos pobres más inteligentes del país. ¿Cómo son? Soñadores, fachentos y, en su mayoría, extrovertidos. Viven internos en ese sitio donde sus familiares son los profesores y compañeros de clase. Su vida en este nuevo mundo apenas empieza

Dora Luz Romero Mejía
Fotos de Julio Molina

En sus ratos libres, a Emily Chavarría le gusta “leer obras literarias, estudiar y pensar”. No es precisamente la respuesta que se espera de esta niña de 11 años, originaria de Ciudad Darío, Matagalpa, de ojos achinados y carita redonda. Mientras conversa parece que recita poemas. Luce segura de sí misma y sonríe poco. Es una adulta en versión pequeña.

Chavarría fue una de las seleccionadas para formar parte del Instituto Nacional de Excelencia Académica Sandino (IDEAS), ubicado en las afueras de la ciudad de Diriamba, Carazo.

Esta niña aprendió a leer a los cuatro años, según cuenta orgullosa su mamá Gloria Castrillo. Asegura
que Emily es “muy exigente” y que recibir menos de un 100 en clases era motivo de lágrimas e inconformidad. “Cuando se sacaba noventa se afligía. Yo le decía que ésa es una nota buena, pero ella me decía que no es lo que se merecía”, recuerda la madre, quien espera que su hija tenga un mejor futuro en este centro.

Para elegir a los estudiantes de IDEAS las delegaciones departamentales del Ministerio de Educación (Mined) realizaron un examen de admisión. Aproximadamente 130 estudiantes recién graduados de sexto grado, provenientes de diversas zonas del país, clasificaron. Pero el examen no era todo. Para ser uno de los elegidos se debían cumplir dos requisitos: ser pobre y buen alumno.

En este colegio no hay malos estudiantes, tampoco impuntuales y muchos menos indisciplinados. Aquí estudian y viven niños estudiosos que se acuestan y se levantan con un cuaderno en mano. Alumnos que prestan atención en clases y a quienes sus maestros no deben llamar la atención por distraídos.

Este es el primero de cinco años que se espera que estos niños vivan en el internado de IDEAS. Algunos se muestran felices, mientras que otros confiesan haber llorado al llegar. Ser uno de los seleccionados, para ellos, es una oportunidad que no piensan desperdiciar. Y cueste lo que les cueste quieren demostrar que merecen estar ahí dentro. “Yo tuve un rendimiento de 100 por ciento. Fui la mejor alumna y en el examen de admisión que nos hicieron salí bien. Estaba fácil”, se jacta Chavarría, mientras sus compañeras de clase le observan y asientan con la cabeza.

 

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