Una familia con música en el ADN

Reportaje - 17.06.2007
Familia Mejía Godoy

Todo el que se precie de nicaragüense ha escuchado a Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy.
Pero tras los mitos vivientes de la música nicaragüense existe un clan en que pintores, timbaleros y marimberos demuestran que es casi seguro que el gen de la música a ellos les llegó a ritmo de acordeón o de marimba

Octavio Enríquez
Fotos de Uriel Molina y Orlando Valenzuela

Vistos de cerca los Mejía Godoy son simpáticos. Y agradan aún más cuando están apiñados, cantándose los unos a los otros o sonriéndole a su madre en pleno 30 de mayo. Doña Elsa Godoy está en boca de todos. Esa señora blanca, de 91 años, pelo canoso, con ojos vivaces y una sonrisa dibujada eternamente en el rostro, es visitada por uno y otro hijo, por uno y otro nieto, por uno y otro bisnieto en una jornada sin fin en este Día de las Madres.

Los más niños corren en la vieja casa en Managua adornada con fotos viejas de la familia; con un viejo piano en la esquina y unos violines colgando de las paredes para recordar que la música es inevitable cuando se habla de este clan.

Los Mejía Godoy celebran en esta casa sus conciertos y sus famosos relinchos, en los que los más viejos (una generación que ronda los 60 años) comparte escenario con los más jóvenes, muchachos de 20, quienes se encargan de multiplicar ese talento familiar que parece se transmitió de generación en generación a ritmo de marimba y acordeón.

Y es creíble, claro que sí, que haya gente que bautizó a su hijo Luis Enrique como el cantante. El mismo lo cuenta. O la anécdota de Carlos Mejía Godoy que narra cómo un taxista le ayudó durante toda una madrugada a repararle un carro sin cobrarle un centavo.

Estos hermanos son conocidos en toda Nicaragua. Han salido centenares de veces en los periódicos o frente a las cámaras contando su historia. Figurar les ha traído enemigos, pero pocos en realidad. Un amigo de ellos, en Somoto, su tierra natal, retrata así la situación: “Si los envidian es natural, porque hay algo bueno allí. Nadie va envidiar a un burro comiendo zacate”. La mayoría de las críticas provienen de personas que nunca les perdonaron que cantaran a la revolución.

 

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