Vida al filo de la muerte

Reportaje - 29.04.2012
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Son delincuentes. Dejan mal muerto al que se resista. Sortean la vida en carrera, con el filo y el hierro en la mano. Trabajan robando. Tienen familia. Viven y matan en la calle. Y aseguran que su Dios los protege

Por Tammy Zoad Mendoza M.

Anochece y para “Alejo” es hora de trabajar. Se apresura. Escoge su víctima. Una joven que luce descuidada. Hala con fuerza la cadena de oro que pende de su cuello. Corre. Gira en la primera esquina de la calle. Un par de hombres, solidarios con la joven robada, lo persiguen. Se sofoca. No puede seguir el ritmo de la carrera. Abre la boca. Jadea. Pierde velocidad.

“Ellos no sabían que yo andaba armado. Siempre salía con mi chuzo (cuchillo) o mi mazo (pistola). No podía arriesgarme. Antes los mataba yo”, recuerda el negro y greñudo “Alejo” al revivir esa escena.

El par de hombres lo alcanzan. “Alejo” se detiene, se voltea como fiera y ensarta su bayoneta en el estómago del primero. El hombre cae maldiciéndolo y apretándose la panza. Forcejea con el segundo y le clava el arma en la pierna. La retuerce y recorre el músculo hacia abajo. Deja una serpiente de sangre que traspasa el pantalón.

“Alejo” es un hombre de unos 30 años que se gana la vida robando y se declara padre de familia y loco enamorado de su exmujer.

“Chiky” es otro ladrón. Es el menor de una humilde familia de padres trabajadores. “Goliat”, quien trabaja para mantener su casa y consentir a su novia. Ellos se toman un descanso y deciden mostrar el mundillo en el que viven de robar, golpear o matar. Son delincuentes.

 

 

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