Vivir en la universidad

Reportaje - 27.05.2012
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Estudian, gozan, sufren, duermen y amanecen ahí. Jóvenes extranjeros o de zonas lejanas residen en internados universitarios y cuentan las peripecias de vivir con extraños que se convierten en sus segundas familias

Por Tammy Zoad Mendoza M.

Sus cinco años en la carrera de Turismo Rural Sostenible valen más de lo que hubiera podido pagar. Flor Emilia Espinoza, de 21 años, ha vivido todo este tiempo como becada interna de la Universidad Nacional (UNAN). Comenzó en las “Casitas Arlen Siu”. Dos cuartos con dos literas. Un estante y otro mueble con cubículos de puerta para guardar bajo llave artículos personales. Los robos son una posibilidad común. En medio de los dos cuartos un patiecito con lavandero, dos baños y un servicio higiénico que comparten con el otro cuarto. Son 8 muchachas por cada casa, de cinco a seis casas por pabellón, dos “guardias” o supervisoras en cada uno. Ellas se encargan de vigilar que todo esté en orden. Que no haya varones dentro del cuarto, que las visitas se acaben a las 9:00 de la noche, que no haya conflictos entre las muchachas. Ha visto un par de pleitos mayores, pero en general todo está en calma.

“Me mudé al edificio porque es más seguro y tiene mejores condiciones que las casitas”, cuenta. Emilia Espinoza ahora vive en el segundo piso del edificio de mujeres. Cada cuarto tiene tres literas, cada litera un pequeño ropero y en algunos cuartos improvisan “áreas de cocina”. Una sala de estudios, tres baños y tres inodoros. Abajo una sala con televisión y otra para visitas.

Sumando sus semestres, ha estado con 50 diferentes compañeras de cuarto en estos cinco años.

Este también es el último año para Cristian Canales, un salvadoreño de 20 años que vino a la Ave María College para estudiar Administración de Empresas con énfasis en Mercadeo.

“Quise tener la experiencia de vivir en otro país, en Nicaragua te adaptás rápido. Vivir en el internado me ha hecho más organizado, disciplinado”, asegura Canales. Su familia invierte 1,700 dólares al semestre porque está interno de lunes a domingo. Los que se quedan de lunes a viernes pagan 1,500 dólares y tienen los mismos beneficios. Cuarto con cama, clóset, mueble para estudio. Una sala, seis baños y seis inodoros por cada piso, internet inalámbrico. Las reglas son las mismas, pero la supervisión y acompañamiento al estudiante son más constantes.

 

 

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