Yo soy Malinche

Reportaje - 10.07.2016
malinche-2

La historia de la indígena que ayudó a los españoles a conquistar el Imperio Azteca e inspiró el término “malinchismo”, ahora conocido en casi toda América

Por Amalia del Cid

Vea qué azarosos son los caminos del destino. Cuando el joven Hernán Cortés ganó su primera pelea en el territorio que hoy conocemos como “México”, los vencidos caciques de Tabasco llegaron a presentarle un tributo, y entre gallinas, chompipes, frutas, mantas bordadas, lagartijas de oro y algunas “joyuelas”, le entregaron veinte muchachas indígenas para que molieran maíz, guisaran carnes y calentaran los lechos de sus soldados. Diecinueve de ellas corrieron esa suerte. La otra se llamaba Malinalli y, lejos de dedicarse a amasar pan, se convertiría en una pieza clave para la conquista española del gran Imperio Azteca y su Tenochtitlán. Seguramente usted ha oído el más famoso de sus muchos nombres: “La Malinche”.

Ahora Malinche no es una palabra buena. Hay un árbol de espléndidas flores rojas que así se llama y también un volcán mexicano donde se dice habita una diosa que puede controlar la lluvia. Incontables libros y canciones llevan ese nombre, pero sigue sin ser una buena palabra, porque por encima de todo en el vocabulario popular Malinche significa “traición” y a nadie le gusta que lo tachen de “malinchista”.

El “complejo de malinchismo”, sin embargo, es cosa de la modernidad. Nada de eso existía allá por el año 1500 cuando la pequeña Malinalli abrió sus ojos en un mundo que estaba por desaparecer. Ella vivió en tiempos de príncipes aztecas y aventureros españoles, de sacrificios y de matanzas. Su tarea fue la de ser un puente entre dos culturas abismalmente opuestas. Era la intérprete de Cortés y tanto llegaron los dos a parecer uno mismo que los indígenas acabaron apodándolo “Capitán Malinche”.

Esta es pues la historia, o lo que se sabe de ella, de una mujer que algunos consideran “la más odiada de México”. Una especie de Pocahontas criolla por haber sido la amante de Cortés. Madre, villana, traidora, heroína, según se vea. Pasó de noble a esclava, de esclava a intérprete, de intérprete a mito. Así de azaroso es el destino.

 

Sección
Reportaje