El mar

Mi problema es que no conocía el mar. Yo nací y crecí en un pueblito del norte donde resultaba impensable hacer un viaje al mar. Para nosotros eran los rios. El río fue el principal juguete de mi niñez.
Diario, o casi diario, al salir por la tarde de clases corríamos, la marabunta de niños, desvistíéndonos en
el camino para lanzamos desde unos barrancos temerarios al recodo que formaba el río Jícaro cuando
cruzaba a la par de mi pueblo natal Quilalí. Luego nos tendíamos como lagartijas a tomar el último sol del día y a fanfarronear con las mil novias que tendríamos y los millones de billetes que un día haríamos.